Hasta que el amor se acomode
Hola mis lectores del poder de la mente, ¿se acuerdan del síndrome de Moebius?, habíamos hablado como utilizar este mecanismo macabro del cerebro a nuestro favor, forzando una emoción para que acabe instalándose en nuestro corazón.
Pero esto toma su tiempo, o al menos a mi me pasa así y hoy quiero hablarles del desfasaje que se produce entre las intenciones y las acciones.
Muchas veces sabemos lo que debemos hacer pero no nos animamos a hacerlo, es una especie de inmovilidad por costumbre. El cuerpo y la mente no van a la par y se crean conflictos, sobre todo cuando estas trabajando para eliminar una vieja actitud que ya has entendido te molesta.
Cuando nos decidimos finalmente a ser proactivos, comienzan a manifestarse una serie de conflictos que nos pueden desinflar. Se trata de lograr sincronizar lo que estamos pensando con lo que debe expresar nuestro cuerpo en consonancia con ese pensamiento.
Como estamos tan acostumbrados a la actitud vieja, aunque llevemos la intención de actuar diferente, nuestra gestualidad se encuentra rezagada, deseamos manifestar comprensión y aprobación con el seño fruncido y recibimos la respuesta que no esperamos.
Las personas educadas en la actitud vieja, van a seguir esperando lo mismo de ti, por eso es que a veces no entendemos como nuestras palabras dirigidas a una dirección, son interpretada desviadamente, pero esto no nos debe desanimar, podemos hablar y expresar lo que hemos querido decir, esto se repetirá un par de veces hasta que la otra persona acabe de instalar en su sistema que hemos dejado de ver las cosas como lo hacíamos antes, que hemos cambiado.
No basta con educarnos, hay que educar al receptor que esta mal acostumbrado.
Y vamos a hablar de códigos y comunicación. Nuestros mensajes son para otros y esos otros tienen su propia formación de ideas, la decodificación pude ser correcta o no.
Insistir en conversar y aclarar las cosas te hace entrar en un estado de entendimiento, donde no solamente comprendes tú, sino haces entender a la otra persona, porque una conversación donde intervengan las dos partes es bilateral, va, pero regresa enriquecida.
Decidirse a cambiar es un proceso en el que no estas solo, al principio no te entenderán, no obtendrás lo que buscas, pero debemos insistir hasta que el amor se acomode en nuestros corazones, luego advertirás que el amor es ligero y no tardará en mudarse y beneficiar a otros como brisa fresca.



