Existir sin dejar huellas

15 septiembre, 2011
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Existir sin dejar huellasExistir sin dejar huellas

Hola mis amigos cazadores de la verdad y el poder de la mente, me gustaría comenzar citando este texto:

Un cazador usa su mundo lo menos posible y con ternura (…) Un cazador tiene trato íntimo con su mundo y sin embargo es inaccesible para ese mismo mundo (…) porque no exprime ni deforma su mundo. Lo toca levemente, se queda cuanto necesita quedarse, y luego se aleja raudo, casi sin dejar señal alguna.

Este concepto de cazador es completamente nuevo para mí, me parece que no he conocido nunca a un cazador según este significado, parece referirse más bien a una dama educada que a un irracional consumidor e insaciable aniquilador de vida. Y es que si supiéramos ser moderados en las empresas que nos proponemos, si la moderación fuera virtud de cada alma, tendríamos siempre y para todos.

Sabían que nuestro cuerpo funciona por naturaleza instintiva, creando un equilibrio en la utilización de sus recursos, produciendo excedentes solo para reparar cuando haga falta.

Obediente instinto de conservación, del organismo humano que obra según esta ley: remplaza con una plusvalía cada minusvalía.

Entonces el excedente siempre se utiliza, la plusvalía tiene una finalidad útil en el organismo, no se produce para almacenar, la ganancia es en función de la utilidad, es decir que siempre esta fluyendo y no se detiene para enriquecer a ningún órgano o sistema en particular.

Entonces el organismo humano para garantizar estar saludable no crea excedente para atesorar sino para arreglar un desperfecto.

¿Y por qué si sabemos esto, el artificio de mundo que hemos creado tiene tantas averías?  Porque no prestamos atención al estar mirando nuestro ombligo todo el tiempo.

Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea: nada más te vez tu mismo, ajeno a todo lo demás.

Evaluamos todo tomándonos como centro de las cosas, pues somos animales “superiores” al haber desarrollado un cerebro, es lo que más se escucha decir.

Pero si pensamos que esto nos ha llevado a considerarnos un ente fuera de la naturaleza, el hombre es el único animal que no se siente natural.

Mirarnos demasiado nos hace olvidar la envoltura del entorno, y nos podemos llevar una sorpresa si no conocemos bien como incidimos en él y cortemos la rama donde estamos sentados.

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